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Influencia cannabis hambre

La influencia del cannabis light spain con el hambre es una realidad, y es que los testimonios de consumidores afirman que el hambre es una de las sensaciones más fuertes que se presentan después de fumar. Esto se puede deber a muchas razones, y en este vamos a repasar todos los puntos que influyen en este sentido.

¿Por qué da hambre luego de fumar marihuana?

Investigadores de la Universidad de Yale en Estados Unidos, creen que descifraron el mecanismo neurológico que provoca este efecto, el cual después de haber fumado marihuana, las sensaciones son de querer comer todo lo que está en la nevera.

De acuerdo con el estudio publicado en la revista Nature, son paradójicamente las neuronas del cerebro las encargadas de inhibir el apetito las que tienen gran relevancia en este fenómeno.

Al contrario de lo que se espera de las neuronas, al interactuar con la marihuana, dichas células nerviosas hacen que la persona tenga hambre.

Los investigadores llevan durante muchos años estudiados el vínculo del consumo de cannabis con el aumento del apetito.

Y en este caso la sorpresa fue encontrar que las neuronas, las cuales se creían responsables de la falta de apetito se activaban de repente para fomentar el hambre incluso cuando se está saciado. Básicamente, al encontrarse con la marihuana las neuronas que originalmente están encargadas de mitigar el apetito provocan que la persona presente un hambre voraz.

Aunado a estas conclusiones, hay otros estudios que buscan aclarar la relación entre el consumo de marihuana y el aumento del apetito.

En 2005, un grupo de científicos descubrieron que el uso de esta hierba volvía unas neuronas en concreto más sensibles y, en consecuencia, inhibían la hormona supresora del apetito, que es la leptina.

Cuatro años después, en 2009, investigadores japoneses llegaron a la conclusión de que la marihuana afectaba a los receptores del gusto, de modo que potenciaba el sabor dulce, de manera que aumentan los antojos.

Estudios previos

En esa línea, un equipo liderado por el investigador Giovanni Marsicano, en la Universidad de Burdeos en Francia, empleó ratones para demostrar que el principal compuesto activo de la marihuana, el THC (Tetrahidrocannabinol), interviene en los receptores del lóbulo olfatorio del cerebro, aumentando de manera notable la habilidad de oler alimentos y, con ello, aumentando el apetito.

Dichos científicos aseguraban que en los humanos sucede un proceso similar.

Sin embargo, los investigadores de la Universidad de Yale liderados por Horvath tienen conclusiones más prudentes. Claramente es un mecanismo primitivo que puede ser similar en humanos, afirmó el neurobiólogo al respecto. “Pero en todo caso es necesario confirmarlo”.

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De confirmarse, más allá de conocer la razón de querer comer después de fumar marihuana, se podrían buscar otras aplicaciones prácticas para este efecto.

Una mejor comprensión en los mecanismos que desencadenan el apetito en el cerebro puede llevar a los científicos a diseñar nuevos medicamentos que provoquen las ganas de comer en pacientes con cáncer que la hayan perdido. Es más, algunos de ellos aprovechan actualmente la marihuana con ese fin.

Y en este sentido, cabe destacar que la capacidad de bloquear el mecanismo podría abrir una nueva línea de investigación acerca del tratamiento de la obesidad.

¿Cómo podría influir el cannabis en el apetito?

A continuación, vamos a tocar varios puntos que te ayudarán a comprender como influye el cannabis en el apetito, pues si bien el THC tiene bastante responsabilidad, el cannabis tiene mucho más que sólo THC, otros cannabinoides también influyen en el apetito de distintas formas, pero en parte a través de la interacción con el sistema endocannabinoide, un regulador del metabolismo. En todo caso, a continuación, vamos a profundizar al respecto:

La complejidad del apetito, el cannabis y el sistema endocannabinoide

Para algunas personas un consumo mínimo de marihuana puede generar un hambre voraz, puede parecer lógico decir que el cannabis estimula el apetito.

Diferentes investigaciones también señalan que la activación del sistema endocannabinoide (SEC) puede provocar alteraciones en las hormonas del hambre y resultar en el consumo de alimentos. Pero, la relación entre el cannabis y el apetito es aún compleja y está llena de múltiples matices.

Los distintos cannabinoides tienen efectos bastante diversos sobre el apetito, y un consumo de marihuana sea habitual o en casos puntuales, sí que afecta al hambre, el equilibrio energético y al metabolismo.

Apetito y hambre

El hambre y el apetito no son lo mismo, por un lado, el primer término se refiere a los procesos fisiológicos que regulan la alimentación homeostática, desde las hormonas implicadas y proteínas, hasta la señalización del sistema nervioso.

Nosotros dependemos de la alimentación homeostática para que el organismo cumpla con los procesos metabólicos básicos y garantizar nuestra supervivencia.

En cambio, el apetito hace referencia al propio deseo de comer. Si bien el apetito normalmente surge del hambre, depende también de otras variables como el estrés, emociones y factores ambientales.

A menudo, una falta de apetito también se produce en personas que se someten a quimioterapia, o en quienes tienen problemas con trastornos alimentarios. A pesar de la llamada fisiología del hambre, la disminución del apetito conlleva a un menor consumo de alimentos, además de la pérdida de peso y otros problemas.

El sistema endocannabinoide y el metabolismo

Básicamente, el sistema endocannabinoide controla la homeostasis de muchos sistemas fisiológicos del cuerpo, incluyendo el sistema nervioso, óseo e inmunitario. Y precisamente porque destacamos su importancia, el SEC tiene un papel fundamental en el equilibrio energético y el metabolismo.

Dicho esto, antes de profundizar sobre la influencia que tiene del SEC en estos procesos químicos, te vamos a explicar brevemente como es este sistema.

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El SEC se ha estructurado a partir de tres componentes principales: receptores, enzimas y moléculas de señalización. Entre ellos se destacan el receptor cannabinoide 1 (CB1) y el receptor cannabinoide 2 (CB2), además de dos importantes moléculas de señalización conocidas como la anandamida y 2-AG (los cuales son endocannabinoides), y otras enzimas más que fabrican y descomponen estos endocannabinoides. Esto no suena muy complicado, pero esto aún no termina.

Recientemente, los investigadores han ampliado la estructura que se tenía del SEC a un modelo mucho más extenso llamado endocannabinoidome, el cual incluye muchas más moléculas de señalización, así como 20 enzimas y más de 20 receptores.

Estando juntos, estos componentes hacen más fácil muchos procesos químicos que tienen lugar en el organismo y que forman parte del metabolismo humano.

En este sentido, los receptores del sistema endocannabinoide están presentes en tejido adiposo (grasa), músculo, al igual que en el hígado y el páncreas, mientras que los endocannabinoides se “dirigen” a estos lugares con el objetivo de regular la homeostasis energética en todo el cuerpo humano.

Cannabis y alimentos: La importancia de los receptores CB1 y CB2

Debido a que los fitocannabinoides (los cannabinoides provenientes de las plantas) y los cannabinoides sintéticos comparten una estructura parecida a los endocannabinoides, y es que son capaces de unirse a los receptores del sistema endocannabinoide y provocar así cambios celulares y cascadas bioquímicas muy similares.

Algo tan sencillo como alterar el SEC a través de estas moléculas presenta resultados diferentes según cuáles se usen.

Como destacamos anteriormente, consumir THC provoca una sensación mayor de hambre en la mayoría de gente. ¿Por qué? Porque dicho cannabinoide se une con el receptor CB1 como agonista, y esto quiere decir que aumenta la actividad de dicho receptor por encima de su propio nivel estándar.

Sin embargo, aquí es importante tener en cuenta una cosa, y es que varios de los endocannabinoides presentes en el cuerpo también actúan sobre el CB1 a modo de agonistas, dando lugar a una desregulación del sistema endocannabinoide que lleva a una sobreactivación, la cual podría provocar un apetito incesante.

Cuando los investigadores comenzaron a considerar el CB1 como una diana prometedora para poder combatir la obesidad, se dedicaron al desarrollo de fármacos que interactuaran con dicho receptor de forma diferente.

Los agonistas inversos del CB1, como es el caso del fármaco Rimonabant, tienen un efecto contrario al THC, pues disminuyen la actividad del receptor por debajo de su propio nivel estándar.

Aunque en un principio este fármaco pareció tener éxito, la verdad es que fracaso debido a su mecanismo de dispersión. Ya que al interferir con los receptores CB1, también presentó una alteración en el estado de ánimo y muchos pacientes llegaron a experimentar efectos secundarios psiquiátricos, como es el caso de pensamientos suicidas.

¿Qué pasa con el receptor CB2?

El receptor CB2 también influye en el consumo de alimentos, pero una manera muy diferente. En estudios realizados en ratones, se observó que los agonistas del receptor CB2, como el ácido graso palmitoiletanolamida (abreviado a las siglas de PEA), disminuyen el consumo de alimentos, en cambio, el antagonista sintético del CB2 conocido como AM 630 incrementa la ingesta de comida.

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El cannabis y el apetito

Para la mayoría de gente, el hambre que provoca la marihuana es una experiencia novedosa y divertida. Sin embargo, para muchas personas, este potencial del cannabis para regular el apetito va mucho más allá de un ámbito recreativo.

A medida que las investigaciones avanzan en este campo, se ve a los compuestos del cannabis como alternativas para ofrecer soluciones a quienes padecen problemas de obesidad, trastornos alimentarios o que estén lidiando con los efectos secundarios de los medicamentos.

¿Hay alguna diferencia entre comer, fumar o vaporizar cannabis?

¿Con las diferentes formas de consumir el cannabis se puede afectar al apetito de una manera distinta? Por supuesto que sí, y es que inhalar e ingerir marihuana puede producir efectos diferentes.

Al inhalar los cannabinoides, es bien sabido que efectos aparecen rápidamente y tienen un carácter psicoactivo de menor intensidad; en cambio, el ingerir marihuana provoca efectos de una duración más prolongada.

La conversión del THC en 11-hidroxi-THC da lugar también a un efecto psicoactivo mucho más potente. Aún no se ha investigado cuál es el método de consumo más eficaz para poder aumentar el apetito, pero diversos estudios están explorando el posible impacto de las distintas vías de administración en las hormonas metabólicas, como es la insulina y la grelina.

¿Y qué pasa con el CBD y el apetito?

Ya quedó claro que el THC puede aumentar el apetito, pero ¿qué sucede con el CBD? Aunque este cannabinoide no se une con tanta fuerza al receptor CB1, sí que puede llegar a influir en el apetito de otras formas.

Los estudios preliminares que se han realizado en animales sugieren que el CBD puede llegar a causar una reducción del peso corporal por medio del receptor CB2. Sin embargo, muchos testimonios (subjetivos) de personas señalan que el CBD podría presentar el efecto contrario, provocando un aumento de peso y un apetito mayor.

Anteriormente mencionamos al ácido graso PEA, y en este caso, al igual que el THC se suele considerar como la versión externa de la anandamida, el PEA se considera como el equivalente endógeno del CBD.

Ambas moléculas pueden interferir con las enzimas del SEC de tal manera que provocan un incremento de los niveles de anandamida, la cual es un endocannabinoide conocido por activar al receptor CB1 y estimular de forma potencia el apetito.

La complejidad del apetito, el cannabis y el SEC

Los compuestos del cannabis a grandes rasgos, actúan de forma muy matizada en el cuerpo. Deben hacerlo de esta manera, pues al fin y al cabo están retocando y manipulando un sistema regulador global y que es bastante complejo: el SEC.

Los investigadores aún están tratando de entender cómo determinados cannabinoides afectan a distintas partes del sistema endocannabinoide que supervisan algunas funciones metabólicas.

En cambio, si está claro que compuestos de la planta, como el THC, tienen un impacto importante sobre el apetito, además de que el consumo de cannabis en el largo plazo está correlacionado con la pérdida de peso, algo que complica aún más las cosas para aquellas personas que consumen cannabis con fines medicinales y necesitan estimular el apetito durante periodos prolongados.

En conclusión, es necesaria la realización de más investigaciones al respecto. Se necesitan ensayos exhaustivos sobre todo en humanos para conocer cómo los diferentes cannabinoides, y las distintas fórmulas llegan a afectar al apetito y al metabolismo.

Por suerte, gracias a la creciente aceptación y legalización del cannabis, se está mucho más cerca que nunca de saberlo con certeza.

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